Lo mismo ocurre en el campo del diseño y su vecina profesión, la publicidad. Al igual que la fotografía, aunque con otros propósitos que no ahondaremos en este escrito, su objetivo final es atraer la atención. Sus imágenes y disposición del texto no están puestos al azar, y todos caemos inocentemente en estos artilugios al momento de verlos por la vía pública.
Sin embargo, lo más interesante ocurre tras presentar la gráfica al público: el batallón de "pegatina de pequeños y económicos afiches" inunda la ciudad con sus baratos panfletos adheridos a todo tipo de superficie, incluyendo la pensada publicidad. En ese batallón hay quienes buscan suplantar una imagen por la otra, tapándola por completo. Pero muy de vez en cuando asoma un destacado y anónimo rediseñador innato.
Su ingenio puede más que sus escasos recursos, y logra incorporar su reducido afiche de forma tal que quede armónico en su composición final. Este "estilista callejero" termina consiguiendo lo que tan celosamente habían intentado lograr los diseñadores originales: el punto de atención principal terminará siendo el simple papelito agregado y logra, con una mínima inversión, el mayor impacto posible. A esto le podemos sumar que, en ciertos casos, la incongruencia entre ambos afiches puede llegar a ser tal que se destaque aún más por la gracia generada entre su audiencia.
Esta imagen es uno de los tantos ejemplos que podremos encontrar por la ciudad:

Será sólo cuestión de estar atentos y se sorprenderán de esta maravillosa profesión oculta que cotidianamente nos rodea en nuestro andar.











