De los fotógrafos ocasionales


Nunca falta el transeunte que, con excelente predisposición, termina con una cámara en sus manos con el cometido de sacarle una foto a uno o varios desconocidos sonriendo. Los mozos de restaurantes son crónicos en esta labor. Pero lo mas complicado de este rol es que nadie se acordará de él si la foto está bien sacada, pero todos lo recordarán recurrentemente ante el más mínimo defecto.


Entre sus mejores habilidades, podemos destacar:
  • cabezas cortadas: especial destreza para ubicar el horizonte destacando con gran énfasis el dibujo del estampado de la remera, junto con la sonrisa del dueño de la misma. Claro que cuando sobra lugar llegan a aparecer en escena los ojos (y no mucho mas).
  • gran angulares: se supone que cuando alguien da su cámara es para que el propietario de la misma aparezca en alguna de todas las capturas. Sin embargo, las ansias de explotar sus dotes de paisajista se apodera de dicho fotógrafo situacional y le saca una gran foto a la montaña del fondo, y ese puntito rojo al pie del mismo es el dueño de la cámara (sonriendo, por supuesto).
  • espontáneas: conocen a la perfección lo importante de la espontaneidad del modelo en la foto, y es por ello que se apresuran a pulsar el disparador en el momento en que uno, desconociendo sus grandes habilidades innatas, intenta darle algún mínimo consejo de como le gustaría ser fotografiado.
  • equilibrados: todo objeto debe estar en el medio. Siempre.

Desde este humilde rincón digital, nuestros agradecimientos a todos los que conforman este vasto grupo de expertos por su buena onda de siempre!

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