Del Horror


La palabra horror es en si misma una imagen terrorífica, ya sea si se la escribe sola en una página en blanco o acompañada por otras palabras más amigables.
Escenas terroríficas implícitas son varios de los primeros planos que toma Fritz Lang a María, en Metropolis. Allí, sus ojos avizores enormes delineados con rimel negro y las pupilas pequeñas clavadas en el foco de la lente, transmiten la sensación bien lograda de desamparo y locura... y horror.
Otra imagen que guardé mucho tiempo es la de Nosferatu -de Murnau- comenzando una caminata nocturna y solitaria por su castillo a mitad de la noche, en dirección a su huésped. La cabeza blanca, bien blanca, y la mirada alienada, en conjunto con su flacura osamentosa, conforman una de las joyas de todos los tiempos -y no exagero- de la composición de la imagen, en el instante preciso en que pasa caminando por una puerta gótica, sediento. La imagen logra transmitir con toda franqueza una sensación de horror y ahogo, donde no hay escapatoria, donde la opresión onírica se hace carne en el veedor.
Ahí se encuentra el obturador del fotógrafo universal sin tiempo, en pleno cliqueo, dándole mordiscos atemporales a las imágenes que alguna vez sucedieron.

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