Cómo se imaginaría usted, tratando de calcular las profundidades de campo correctas y guiándose por el concepto del interés disperso si se encontrara en las cavernas de aquella pequeña y solitaria isla de Vulcano, situada en pleno Mare Nostrum, a merced de los grotescos polifemos que golpe a golpe forjan la fulgurante armadura de Eneas? Tener en cuenta que la misma era el objeto más brillante en ese lugar, después del fuego, y el resto, veteado por algún perfil que iluminan las hogueras, entre ellos las carnes transpiradas de los cíclopes. Es aquella a mi entender una de las imágenes que más hubieran marcado la carrera y los recuerdos de cualquier fotógrafo de la antiguedad, al tener en un mismo cuadrante los músculos tensos donde descansa la masa y las chispas que generan haces continuos cuando fotografiamos a bajas velocidades. Mucha velocidad de obturación, primero tomando el conjunto, donde a un lado pueden verse las herramientas que no se usan: dos polifemos en posición de trabajo, y a la derecha, la hoguera con sus fauces abiertas y fulgurantes.
Después, fotos con interés compartido dual, quizás mechando un torso trabajando con herramental y la cabeza gacha, concentrada, en un trasfondo mas bien siniestro. Otro par pueden ser los dos torsos, un torso y la hoguera. Después, la síntesis: los martillos; un brazo, y por último, la armadura de Eneas brillando como broche de oro en esta serie de fotos mística e imaginaria.
Después, fotos con interés compartido dual, quizás mechando un torso trabajando con herramental y la cabeza gacha, concentrada, en un trasfondo mas bien siniestro. Otro par pueden ser los dos torsos, un torso y la hoguera. Después, la síntesis: los martillos; un brazo, y por último, la armadura de Eneas brillando como broche de oro en esta serie de fotos mística e imaginaria.
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